¿Por qué inyectan vitamina K a los recién nacidos?
Cuando un bebé llega al mundo, uno de los primeros cuidados médicos que recibe es la aplicación de vitamina K. Este procedimiento, aunque sencillo, tiene un valor muy grande para proteger la salud del recién nacido.
La vitamina K es una sustancia necesaria para que la sangre pueda coagularse correctamente. Gracias a ella, cuando una persona sufre una cortada o un golpe, la hemorragia se detiene en poco tiempo. Los adultos y los niños mayores obtienen vitamina K de los alimentos, principalmente de las verduras de hoja verde y, además, la producen gracias a las bacterias que viven en el intestino. Sin embargo, los recién nacidos llegan al mundo con reservas muy bajas de esta vitamina, ya que no la reciben en cantidades suficientes a través de la placenta durante el embarazo ni tampoco mediante la leche materna en los primeros días de vida.
La deficiencia de vitamina K en los recién nacidos puede provocar una condición llamada “enfermedad hemorrágica del recién nacido”. Esta enfermedad consiste en la aparición de hemorragias que pueden ser leves, como sangrado en la piel o el cordón umbilical, o muy graves, como sangrado interno en el cerebro. Estos casos, aunque poco frecuentes, pueden tener consecuencias muy serias para la vida y el desarrollo del bebé.
Para prevenir este riesgo, la Organización Mundial de la Salud y muchas sociedades médicas en el mundo recomiendan que todos los bebés reciban una dosis de vitamina K justo después de nacer. Generalmente, se aplica en forma de una inyección en el muslo del bebé. Esta medida es rápida, segura y ha demostrado ser muy eficaz para evitar hemorragias peligrosas.
Algunos padres pueden preguntarse si existe una alternativa a la inyección. En algunos países se ofrece la vitamina K por vía oral, es decir, en gotas. Sin embargo, esta forma no es tan confiable, ya que puede necesitar varias dosis y no protege con la misma eficacia que la aplicación intramuscular. Por ello, la mayoría de los especialistas siguen recomendando la inyección como la mejor opción.
Es importante destacar que la vitamina K al nacer no es un medicamento para tratar una enfermedad, sino una medida de prevención. Se aplica a todos los bebés sanos, independientemente de si nacieron por parto natural o cesárea, y no tiene efectos negativos a largo plazo. De hecho, lleva muchos años utilizándose de manera segura en todo el mundo. Con una medida tan sencilla, se puede evitar un problema que, aunque poco común, puede ser muy grave.
