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Dejar de beber: Beneficios, dificultades y síndrome de supresión


Dejar de beber: Beneficios, dificultades y síndrome de supresión

Dejar de beber alcohol es una decisión importante que muchas personas consideran por motivos de salud, bienestar personal o familiares. El alcohol es una sustancia legal y socialmente aceptada, pero su consumo frecuente o excesivo puede afectar distintos órganos y la calidad de vida. Abandonarlo puede traer grandes beneficios, aunque también implica retos que es importante conocer.

Uno de los principales beneficios es la mejora de la salud física. Al dejar el alcohol, el hígado puede recuperarse, disminuye la inflamación y se reduce el riesgo de enfermedades como hígado graso, cirrosis, hipertensión y algunos tipos de cáncer. También mejora el control del peso, la digestión y la calidad del sueño.

En el aspecto mental y emocional, muchas personas notan mayor claridad mental, mejor estado de ánimo y menos ansiedad. A largo plazo, puede haber una mejor memoria y mayor concentración. Además, dejar de beber suele fortalecer las relaciones personales, mejorar el desempeño laboral y generar ahorro económico.

Aunque los beneficios son claros, dejar de beber no siempre es fácil. El alcohol puede generar dependencia, tanto física como psicológica. Algunas personas enfrentan deseos intensos de beber, irritabilidad, cambios de humor o dificultad para socializar sin alcohol, especialmente si su entorno favorece el consumo.

También es común sentir miedo al cambio o pensar que no se podrá disfrutar de reuniones sociales sin beber. Estas dificultades son normales y no significan fracaso, sino que forman parte del proceso.

Síndrome de supresión


El síndrome de supresión o abstinencia alcohólica ocurre cuando una persona que ha consumido alcohol de forma frecuente o en grandes cantidades deja de beber de manera repentina. Los síntomas pueden aparecer desde unas horas hasta varios días después del último consumo.

Los síntomas leves incluyen temblor en las manos, sudoración, ansiedad, náuseas, dolor de cabeza, insomnio y palpitaciones. En casos más graves, pueden presentarse confusión, fiebre, alucinaciones o convulsiones. Por esta razón, no todas las personas deben dejar el alcohol sin supervisión médica, especialmente si el consumo ha sido elevado o prolongado. Un profesional de la salud puede evaluar el nivel de consumo y recomendar la mejor forma de suspenderlo de manera segura.

Además, el apoyo psicológico, familiar o de grupos de ayuda puede facilitar el proceso. Compartir experiencias y sentirse acompañado aumenta las probabilidades de éxito.