Células zombis
Con el paso del tiempo, nuestro cuerpo envejece y sus células también. Algunas de ellas dejan de dividirse y cumplir sus funciones normales, pero no mueren. A estas células se les conoce como células senescentes, y popularmente se les llama “células zombis” porque permanecen vivas sin funcionar correctamente.
La senescencia celular es, en realidad, un mecanismo de protección. Cuando una célula sufre daño importante o envejece demasiado, entra en este estado para evitar convertirse en una célula cancerosa. El problema aparece cuando estas células se acumulan en los tejidos.
Aunque ya no se dividen, las células senescentes siguen activas y liberan sustancias inflamatorias, enzimas y señales químicas. Estas sustancias pueden afectar a las células vecinas, favorecer la inflamación crónica y alterar el funcionamiento normal de los órganos.
En personas jóvenes, el sistema inmunológico suele eliminar estas células. Sin embargo, con la edad o en ciertas enfermedades, esta eliminación es menos eficiente, lo que permite que las células senescentes se acumulen.
La investigación científica ha encontrado vínculos entre la acumulación de células senescentes y diversas enfermedades, como:
- Enfermedades cardiovasculares, ya que pueden contribuir al endurecimiento de las arterias y a la inflamación vascular
- Diabetes tipo 2, porque se asocian con resistencia a la insulina y deterioro del funcionamiento del páncreas
- Osteoartritis, debido a que favorecen el daño del cartílago y la inflamación en las articulaciones.
- Enfermedades neurodegenerativas, pues podrían participar en procesos inflamatorios del cerebro relacionados con el envejecimiento.
- Cáncer; aunque la senescencia previene la formación de tumores, su acumulación puede crear un entorno que favorezca su desarrollo.
En años recientes, se han estudiado medicamentos llamados senolíticos, que buscan eliminar selectivamente estas células. Aunque los resultados iniciales son prometedores, la mayoría de estas terapias aún se encuentran en investigación y no forman parte de los tratamientos habituales.
Por ahora, se sabe que algunos hábitos pueden ayudar a reducir su impacto. Entre estos está hacer ejercicio regularmente, llevar una alimentación saludable, no fumar y mantener las enfermedades crónicas bajo control.
Las células senescentes cumplen una función protectora, pero su acumulación puede contribuir al envejecimiento y a diversas enfermedades.
