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Aneurismas: cuando una arteria se debilita


Aneurismas: cuando una arteria se debilita

Un aneurisma es una dilatación anormal de una arteria. Ocurre cuando la pared del vaso sanguíneo se debilita y comienza a “abombarse”, como si fuera un globo que se infla demasiado. El problema es que muchas veces no causa síntomas… hasta que se rompe, y entonces puede convertirse en una emergencia médica.

Existen distintos tipos de aneurismas, pero los dos más conocidos son el aneurisma cerebral y el aneurisma de la aorta abdominal.

El aneurisma cerebral se forma en una arteria del cerebro. En la mayoría de los casos es pequeño y no produce molestias. Muchas personas pueden tener uno sin saberlo. Sin embargo, si se rompe, provoca una hemorragia cerebral llamada hemorragia subaracnoidea, que se manifiesta con un dolor de cabeza súbito e intenso. Puede acompañarse de náuseas, vómito, rigidez en el cuello, visión borrosa o pérdida del conocimiento. Esta situación requiere atención médica inmediata.

Por otro lado, el aneurisma de la aorta abdominal ocurre en la aorta, la arteria principal que lleva sangre desde el corazón hacia el resto del cuerpo. Cuando la parte que atraviesa el abdomen se debilita y se dilata, puede formarse un aneurisma. En muchos casos tampoco causa síntomas y se detecta por casualidad en estudios de imagen. Algunas personas pueden notar una sensación pulsátil en el abdomen o dolor en la espalda o el abdomen. Si se rompe, provoca dolor intenso y repentino, caída de la presión arterial y puede poner en riesgo la vida.

Entre los factores que aumentan el riesgo de aneurismas están la hipertensión arterial, el tabaquismo, la aterosclerosis, antecedentes familiares y la edad avanzada. En el caso del aneurisma abdominal, es más frecuente en hombres mayores de 65 años, especialmente si han fumado.

El diagnóstico suele realizarse mediante estudios de imagen. En el cerebro pueden utilizarse tomografía o resonancia magnética. En el abdomen, el ultrasonido es una herramienta sencilla y útil para detectar aneurismas de la aorta.

El tratamiento depende del tamaño, la localización y el riesgo de ruptura. Algunos aneurismas pequeños solo requieren vigilancia periódica y control estricto de la presión arterial. Otros pueden necesitar cirugía o procedimientos endovasculares para reparar la arteria antes de que ocurra una ruptura.

Controlar la presión arterial, no fumar, mantener niveles saludables de colesterol y acudir a revisiones médicas puede reducir el riesgo. En personas con factores de riesgo, el médico puede recomendar estudios de detección.

Un aneurisma puede crecer en silencio durante años. Por eso, conocer los factores de riesgo y no ignorar síntomas súbitos y severos puede marcar la diferencia entre una intervención oportuna y una emergencia grave.






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