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Todos debemos medirnos el colesterol, también los niños

Actualizado: ene 17


Por el Dr. Miguel Ángel Guagnelli M.


Cuando solicito estudios de laboratorios en niños, suelo incluir el perfil de lípidos dentro de los estudios, y muchas veces los papás me han preguntado por qué hacerlo, si sólo son niños. ¿O es que ellos también se infartan? Realmente no, pero las enfermedades cardiovasculares, como un infarto o una embolia cerebral, no son eventos que se gestan en un día, sino durante años, muchas veces precisamente… desde la infancia. ¿De qué hablamos cuando decimos colesterol, LDL, HDL, bueno, malo, regular, triglicéridos? Eso trataré de resolver en este artículo.


El colesterol es un lípido


Es decir, una grasa, pero tiene ciertas peculiaridades que lo hacen diferente y muy importante respecto a otras. Cuando pensamos en grasa como alimento solemos tener en mente aceite, como el de oliva, o una grasa sólida como la manteca. Estos son ácidos grasos, que al unirse con glicerina, (un carbohidrato simple) su movimiento se facilita. Estos son los famosos triglicéridos.


Los triglicéridos son la forma más común en la que ingerimos las grasas, y también es como se almacenan dentro de las células del tejido adiposo o graso. Los ácidos grasos esencialmente son lineales y pueden apilarse, pero el colesterol no.


Su función principal no es acumular energía. Tiene tres funciones principales, imprescindibles para la vida: dar flexibilidad a las membranas celulares; ser el precursor de compuestos esenciales, como las sales biliares (necesarias para la digestión), y las hormonas esteroideas (que regulan varias funciones como la respuesta sexual, promueven el embarazo e incluso afectan la tensión arterial).


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Es un hecho más o menos conocido que el HDL es el colesterol “bueno” y el LDL es el “malo”. La función principal de las LDL es liberar ácidos grasos y colesterol para distribuirlos en el cuerpo, sin embargo al hacerlo los lípidos pueden adherirse y penetrar la superficie interna de los vasos sanguíneos (endotelio) y, en ciertas circunstancias, iniciar un proceso llamado aterosclerosis, las famosas placas en las arterias, que al paso del tiempo pueden causar una disminución en el flujo de sangre a través de las arterias. Las partículas de HDL, por el contrario, “recogen” ácidos grasos y colesterol, limpiando las arterias de lípidos.


Para que la grasa se pueda depositar en el endotelio este tiene que ser susceptible, es decir que no funcione como “teflón” que rechaza el depósito de grasas. Esto puede suceder por factores como el tabaco, la hipertensión, factores oxidantes o el exceso de insulina, entre otros.


Además, estudios epidemiológicos han relacionado la dieta occidental con niveles altos de colesterol, proporciones altas de LDL y bajas de HDL, lo que provoca un incremento en el riesgo cardiovascular.


Se recomienda que los adultos menores de 40 años y sanos, se realicen un perfil de lípidos cada 2 a 3 años. Cuando son mayores de 40 años, o presenten diabetes y/o hipertensión arterial, cada año.


¿Qué riesgos hay cuando se tiene un nivel alto de triglicéridos? Video recomendado




El desarrollo de aterosclerosis y demás enfermedades vasculares es lento, y necesita muchos años de malos hábitos para llegar al punto en el que se lesionen las arterias, pero es prevenible si se detecta y trata a tiempo, por lo que se recomienda realizar un primer perfil de lípidos entre los 9 y los 11 años.


Durante los últimos 10 años, tanto los avances en el conocimiento, como el imparable aumento de la obesidad a todas edades, ha dejado claro que la aterosclerosis inicia antes de los 20 años de edad, y esto ha llevado a revisar las recomendaciones para el monitoreo de lípidos en adultos y en niños que realiza un grupo de expertos de los Institutos Nacionales de Salud de EUA. Esto fue reforzado, entre otros, por un estudio reciente realizado a gran parte de la población de Texas, donde se encontró que uno de cada tres niños a los que se les realiza un perfil de lípidos de rutina en clínicas pediátricas de atención primaria, tienen niveles de colesterol considerados altos o moderadamente altos. Esto es particularmente cierto en niños con sobrepeso u obesidad, y el riesgo de que desarrollen placas de ateroma en su vida adulta es muy alta.


Se recomienda realizar un estudio de lípidos que incluya colesterol total, HDL y lo que se agrupa como No HDL (LDL, IDL y VLDL) en todos los niños de 7 a 9 años, y luego repetirlo entre los 18 y 21 años.


La razón de esto y de la edad tan temprana para iniciar la búsqueda es doble:


1. Por un lado, es útil para buscar trastornos hereditarios de los lípidos, como las mutaciones del receptor de LDL que causa hipercolesterolemia familiar, un trastorno genético que se caracteriza por niveles altos de colesterol a partir de la infancia.


2. Y si se detectan niveles limítrofes o alterados de HDL y LDL, existe el riesgo de que a largo plazo se desarrolle una dislipidemia franca, y se inicie el proceso de aterosclerosis, con todas sus consecuencias.


Aunque estas recomendaciones han encontrado críticos que consideran que se harían demasiadas pruebas y se podría caer en tratar a demasiados pacientes, me parece que tienen un punto de razón en que debemos pensar más en nuestro colesterol y el de los niños, hacernos todos los miembros de la familia –dentro del rango de edad– un perfil lipídico regularmente y acudir con el médico para revisarlos. Recordemos, la medicina preventiva siempre es más barata y efectiva que la curativa.


Y tú, ¿cuándo fue la última vez que te mediste el colesterol y los lípidos?




https://endocrinologopediatra.mx/los-ninos-tambien-deben-medirse-el-colesterol/

Dr. Miguel Ángel Guagnelli

maguagnelli@gmail.com

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